Para muchas familias, uno de los momentos más difíciles es notar que un niño deja de usar palabras que antes decía. Puede ser gradual o repentino. A veces ocurre después de un periodo en el que parecía estar avanzando bien. Y casi siempre viene acompañado de miedo, culpa y muchas preguntas sin respuesta.
Esto se conoce como regresión del lenguaje, y durante años se ha hablado de ella como si fuera una señal definitiva de que “algo va muy mal”. Sin embargo, la ciencia actual nos muestra un panorama más complejo y, sobre todo, más esperanzador.
Un estudio reciente que siguió durante varios años a cientos de niños con Trastorno del Espectro Autista analizó qué ocurre realmente después de una regresión del lenguaje. Los investigadores no se quedaron solo en la pérdida de palabras, sino que observaron cómo evolucionaba la comunicación con el paso del tiempo.
Lo primero que debemos aclarar es algo fundamental: la regresión del lenguaje no es rara. Aproximadamente uno de cada cinco niños con autismo pasa por una etapa en la que pierde palabras o habilidades comunicativas que ya había adquirido. Esto suele ocurrir entre los dos y cinco años, una etapa de gran reorganización del desarrollo.
Lo segundo —y más importante— es que la regresión no determina el futuro del niño. El estudio mostró que, con el tiempo, muchos niños que atravesaron una regresión desarrollaron una buena comprensión del lenguaje. Es decir, aunque puedan hablar menos por un periodo, siguen entendiendo más de lo que a veces parece.
En cuanto al lenguaje expresivo, algunos niños avanzan más lentamente, pero esto no ocurre de manera aislada. El desarrollo del lenguaje está profundamente conectado con otras áreas como el pensamiento, el juego, el movimiento y la interacción social. Cuando estas áreas reciben apoyo adecuado, el lenguaje también puede avanzar.
Esto nos lleva a un punto clave para familias y profesores: no todos los niños se desarrollan de la misma manera ni al mismo ritmo, y una regresión no significa que el niño “retrocedió para siempre”. Significa que necesita ser observado, evaluado y acompañado de forma adecuada.
Desde la terapia de lenguaje, nuestro rol no es prometer resultados mágicos ni generar alarmas innecesarias. Nuestro rol es entender cómo se comunica ese niño hoy, qué recursos tiene, qué necesita fortalecer y cómo acompañar a la familia y a la escuela en ese proceso.
En Hablarte trabajamos desde esta mirada. Sabemos que detrás de cada palabra que se pierde hay una familia preocupada y un niño que sigue intentando comunicarse, aunque no siempre lo haga de la forma que esperamos. Por eso, miramos más allá de las palabras: observamos la intención comunicativa, el contacto, el juego, los gestos y la comprensión.
La evidencia científica es clara: la regresión del lenguaje no define quién será un niño mañana. Lo que sí marca una diferencia real es la detección temprana, el acompañamiento respetuoso y una intervención basada en evidencia, adaptada a cada niño y a su entorno.
Referencia científica
Pickles, A., Anderson, D. K., & Lord, C. (2022). Predictors of language regression and its association with subsequent communication development in children with autism. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 63(8), 931–940. https://doi.org/10.1111/jcpp.13565














